| Ruta Azteca, la magia de México |
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Mi viaje por México ... por Sonsoles Rosado No era mi destino principal este año, surgió como algo mágico que percibía cada día en modo de imágenes allí donde iba, en conversaciones, en personas, en viajes y una canción que allí donde iba casualmente sonaba…eran como señales… A la vuelta de un viaje estuve con una pareja de amigos que quiero mucho y admiro tanto, me hicieron un regalo, era un pañuelo para el cuello muy lindo de México, no lo podía creer y más que al coger el coche y proseguir el viaje, encender la radio y esa canción sonaba, era hora de preparar el viaje comenzaba otra aventura destino México.
Llego la fecha últimos de agosto, 16 días recorriendo la ruta azteca, vuelo desde Madrid a Ciudad de México doce horas y media de vuelo directo, desde la ventanilla del avión descendiendo a CDMX me sorprendió la inmensidad, una ciudad con 26 millones de habitantes, la ciudad parecía no tener fin, luces infinitas, edificios y vida que se extendía hasta donde me alcanzaba la vista, al aterrizar fue como entrar en el corazón de un gigante. CDMX me recibió con su caos hermoso, su gente cálida y esa intensidad por ver tanto que te sacude todo el cuerpo llevando sentimientos que no se despegan ni cruzando océanos. Caminar por sus calles, es caminar en la historia, fue construida sobre los restos de la gran Tenochtitlán, capital azteca erigida sobre lagos, la cuidad se hunde y se puede notar en los edificios su inclinación. Majestuosos edificios históricos, el Palacio de Bellas Artes, la Catedral Metropolitana o el Templo Mayor, la Plaza del Zócalo, edificios muy similares a los que conocemos en España en su arquitectura, la influencia Española durante siglos. Visité Coyoacán un barrio que guarda el alma artística y bohemia de la ciudad, la casa azul, casa de Frida Kahlo, icono mexicano, el estudio de Diego Rivera, el mercado de las flores. Navegué por los canales de Xochimilco en una trajinera de colores, al atardecer, entre música, flores parecía una fiesta suspendida entre lo antiguo y lo presente. La Basílica de Guadalupe, uno de los lugares más sagrados de todo Hispanoamérica, el fervor y devoción a la Virgen morena, peregrinos de todo el mundo, grandiosa Basílica y entorno. Frente a las pirámides de Teotihuacán (basamentos piramidales) inmensas me sentí pequeña, subí a la pirámide de la Luna, escaleras muy empinadas, al llegar a lo alto se puede contemplar la pirámide del Sol, las ruinas y el horizonte que parece que no tiene fin. Tras un vuelo interno a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la naturaleza fue protagonista desde el inicio, fue como cambiar de mundo del caos envolvente de CDMX a la calma serena de Chiapas. Nada mas llegar navegar por el Cañón del Sumidero, con sus paredes escarpadas y altísimas por el río Grijalva, aves sobrevolando, cocodrilos, naturaleza viva y de allí a San Cristóbal de las Casas pueblo mágico acogedor, calles empedradas, casas bajas de fachadas de mil colores, llamativas las aceras, son muy altas de piedra. Visitando el mercado tan vistoso con tantos puestos, donde podías encontrar de todo justo allí viví un tornado y después una lluvia muy intensa, nunca había visto llover así, decían que hacía tres años que no tenían un tornado así, se llevó árboles, farolas, tejados… (la gente enseguida empezó a ayudarse entre ellos para restablecer la ciudad lo antes posible) sé que iba en época de lluvias, pero vivir un tornado fue inesperado.
Visitando el cementerio de San Cristóbal, allí la muerte no la conciben como nosotros, se escuchaban mariachis, una familia le estaba cantando a su fallecido, comiendo y bebiendo en su panteón donde te invitan a estar con ellos, me pareció muy llamativo que, dentro del dolor de perder un ser querido, la alegría de ir con su familiar y compartir la alegría con música, bailes, comida y bebida. El pueblo de Zinacantán es un mar de invernaderos de flores, flores que exportan por todo el mundo, también sus bordados de llamativos colores y telares, allí su población se dedica a ello, en casa de una familia pude probarme su traje tradicional con sus bordados y que lindo, también probar sus tortitas de diferentes maíces, como el tequila y varios licores. En San Juan de Chamula presencié lo inexplicable…es una comunidad que se rige por sus ritos y costumbres, velas, rezos, rituales y un sincretismo que se siente más que se entiende. El viaje continuo hacia Palenque, adentrándose por la zona selvática de Ocosingo, desde su parador, se divisa un paisaje verde intenso y se escuchan los sonidos de aves. Parada en las Cascadas de Agua Azul, que no estaban tan azules por ser época de lluvias que impresionan por su fuerza que te dejan hipnotizado, allí me pude bañar, ya se notaba el paso de una temperatura fresca agradable con lluvias de Chiapas, a la humedad que se pegaba al cuerpo y el calor sofocante de la zona de Palenque, un cambio radical. El camino se hizo largo hasta llegar a las ruinas, peraltes de hierro y badenes por toda la carretera, poder ver las imponentes ruinas de Palenque ciudad sagrada maya su conexión espiritual con el cosmos entre arboles altísimos tan bien conservadas.
Rumbo hacia el golfo de México (antiguamente llamado Golfo Nueva España), llegar a Campeche fue como estar en un cuento, ciudad amurallada de piratas “la vida pirata, la vida mejor”, que conserva su encanto colonial. El atardecer, navegar en barquita y ver cómo el sol se fundía en el mar hasta dar paso a una luna llena imponente, se podía ver el sol y la luna a la vez, y sonó esa canción…esa que había aparecido antes del viaje varias veces como una señal, como un susurro del destino, en el agua y con la luminiscencia a mi alrededor, el mar brillaba, todo tenía sentido, era como si el universo me dijera “estas donde tienes que estar”.
Al corazón de Yucatán, visité un pueblecito donde hacían los sombreros de paja, con su tradición artesanal. Llegó mi primer cenote X-Batun ubicado en San Antonio de Mulix, una carretera y caminos estrechos hasta acceder a él, escondido, me pude bañar cierto es que son lugares mágicos y llenos de paz. Mérida colonial y su gran iglesia que alberga la cruz mas grande del mundo, recorrí Izamal, pueblo de color amarillo ocre que resplandece con el sol. Legué a Chichen Itzá, considerada como una de las siete maravillas del mundo, para mi sería la tercera que puedo ver, majestuosa entre la selva, te deja sin palabras. Valladolid con su plaza e iglesia un calco de Mérida, pero más recogida y tranquila. En la zona de Yucatán tienen una identidad muy marcada raíces mayas y herencia colonial conservan su lengua ancestral, que convive con el español. Riviera Maya en el estado de Quintana Roo, Bacalar con su famosa laguna de los siete colores de agua dulce, parece que esta pintada a mano, esos colores azules y verdes. Playa del Carmen…lugar muy turístico con su Quinta Avenida tan animada con vida día y noche, Parque de los Fundadores con el “Portal Maya” que impresiona al lado de la playa, playa n20, la ermita blanca de la Virgen del Carmen muy coqueta frente al mar. Allí quedó un instante infinito muy especial, como un suspiro lleno de significado.
Desde PDC, salen ferrys a todas horas a la isla de Cozumel, una isla alegre, donde pude vivir uno de los momentos más deseados y mágicos del viaje, mi afición por el buceo, sin neopreno, ¡que sensación!, la claridad de las aguas del caribe, tuve la suerte de ver manta Eagle, tiburones, y cientos de peces que no había visto de múltiples colores a mi alrededor que me rodeaban, pequeñas cuevas, corales, con mi pez luna que llevo en un colgante que me acompaña allí donde voy. Ilusionada, sin palabras, con la alegría de haber hecho uno de mis sueños y promesa realidad. Con esa alegría estuve por la isla, su paseo, sus calles, el atardecer y la noche con muchos locales con música en directo, me cautivó. Regreso a PDC dirección Cancún fue caminar y la canción estaba sonando en un local, esa canción que me ha acompañado…mostrándome señales. Camino de Cancún se pueden divisar muchos Resort para dar cabida a todo el turismo del caribe mexicano. He de decir que en todo el viaje he estado alojada en haciendas, posadas descubriendo la esencia de lugares con un encanto especial.
Isla Mujeres fue el siguiente destino, en ferry desde Cancún, no terminó de despertar mi curiosidad, si disfruté de Playa Norte con sus beach club, con sus aguas claras y tranquilas y un atardecer que daba lugar a la noche con ese cielo lleno de colores rojizos. En Cancún, ciudad moderna contrasta el bullicio de la ciudad con las playas de arena blanca, lugares como el Parque de las Palapas centro de reunión de locales y viajeros donde hacen espectáculos en directo. Haré mención de la comida mexicana fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO por su diversidad, a mi no me gusta el picante y me costo comer tacos, pude probar de todo hasta los escamoles, comí platos a base de rex, cochinita pibil, pollo y pescados frescos muy ricos en cada región que estuve, chelitas(cervezas)de todo tipo y tequilas, ¡pero sin picante! Desde Cancún ya comenzaba el regreso, vuelo interno a CDMX, y desde allí, unas 10 largas horas de vuelo que se extendieron a 14 debido a un retraso inesperado rumbo a España. Todo lo vivido antes, durante y después del viaje, esas señales que parecían susurrar un mensaje junto a la canción, envolvieron cada momento, que lo hicieron mágico y especial, fue como si el destino me hubiese guiado hasta allí, ¡y que acierto! Cruzar una parte de México, la ruta de los aztecas, haciendo este viaje precioso e inolvidable, de paisajes, de silencios y de sueños cumplidos. |






