Así se vive la Semana Santa en Castilla-La Mancha
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Durante la Semana Santa de Hellín, Tobarra o Agramón, en la provincia de Albacete, los tambores suenan de forma ininterrumpida. La Ruta de la Pasión Calatrava permite recorrer la provincia de Ciudad Real a través de un espectáculo que trasciende lo religioso. En Cuenca, las calles están inmersas en una perenne atmósfera musical, en Guadalajara destacan por su sobriedad y en Toledo predomina el silencio de Ocaña o de Quintanar de la Orden y la belleza escultórica de las procesiones de su capital. Castilla-La Mancha cuenta con un vastísimo patrimonio cultural que en Semana Santa se traduce en más de 60 fiestas de Interés Turístico Regional, Nacional e Internacional. Esto es solo una pequeña muestra.


Resuenan los tambores. Los cofrades cargan sobre sus hombros el peso de espectaculares pasos y tallas, cuidadas hasta el mínimo detalle, y desfilan en pausada procesión al ritmo de la música. El aire huele a incienso y a vela. El público emocionado aplaude al paso de Cristo o la Virgen.


La Semana Santa se vive intensamente a lo largo de todo el territorio nacional y en Castilla-La Mancha también existe un gran fervor popular por ella.  Con más de 60 Fiestas de Interés Turístico Regional, Nacional e Internacional, la Comunidad Autónoma, enriquecida por un vastísimo patrimonio cultural e histórico, ofrece al viajero desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección una oportunidad única de conocer su folclore más representativo, como demuestran los siguientes ejemplos. 


En Albacete el rom pom pom pom  característico del tambor acompaña a los habitantes de Hellín, Tobarra o Agramón prácticamente sin descanso durante toda la Semana Santa. Es el sonido más repetido en una provincia en la que también destacan las celebraciones de Villarrobledo, Chinchilla de Montearagón, El Bonillo, La Roda o de la propia capital albaceteña.  


En Ciudad Real, la Ruta de la Pasión Calatrava agrupa los municipios de Aldea del Rey, Almagro, Bolaños de Calatrava, Granátula de Calatrava, Miguelturra, Pozuelo de Calatrava, Torralba de Calatrava, Valenzuela, Moral de Calatrava y Calzada de Calatrava en un itinerario de cinco días de duración en el que se representan escenas de la Pasión de Cristo en un espectáculo que trasciende lo puramente religioso. 


Cuenca añade al atractivo programa de Tarancón o de la espectacular procesión de las Turbas, en la madrugada del jueves al viernes en su capital, la Semana de Música Religiosa, el cuarto festival de música más antiguo de España, que este año brindará, del 15 al 21 de abril, a sus adeptos, obras de Bach, Haendel o Beethoven, entre otros. 


Guadalajara se define por la intensidad y sobriedad de sus ocho procesiones, así como por la representación de la Pasión de Hiendelaencina, que cada año atrae más de 3.000 visitantes a un pueblo de solo 150 habitantes. 


Y Toledo se caracteriza por el sepulcral silencio de las procesiones de Ocaña, que en Quintanar de la Orden se ve acompañado por la monumentalidad de sus pasos; la heterogeneidad de tradiciones de Talavera de la Reina y la belleza de las dieciocho procesiones que, bajo una luz tenue, recorren las estrechas y sinuosas calles de la capital, Patrimonio de la Humanidad.