Las joyas que adornan a la Villa de Medina del Campo.
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Las joyas que adornan a la Villa de Medina del Campo.


“Por Medina del Campo pasan todos los caminos. Ella está como una ancha señora sentada en medio de la meseta; ella extiende sus faldas por la llanura. Sobre la rica tela, se dibujan los campos y los caminos, se bordan las ciudades. Medina del Campo tiene cuatro sayas: una gris, una blanca, una verde y una de oro. Medina del Campo lava sus faldas en los ríos y se muda cuatro veces al año. Las va recogiendo lentamente y en ella empiezan y terminan las cuatro estaciones. Cuando llega el verano extiende su falda de oro: “¡Ea, lo pobres, salid a los caminos!”.

Así es como Rafael Sánchez Ferlosio describe a la villa de Medina en su libro “Industrias y Andanzas de Alfanhuí”. Pero también podríamos añadir que a esta señora siempre le ha gustado adornarse con impresionantes joyas, fiel reflejo de su rica e intensa historia. Alhajas hechas de piedra o ladrillo, por las que han pasado algunos de los personajes más importantes de la historia de este país y a las que los “orfebres” encargados de su fabricación les dieron diferentes formas, de castillo, de colegiata, de palacios,  de ermitas, o de conventos…


Tres son los monumentos más importantes de la villa medinense, el Castillo de la Mota y el Palacio Real Testamentario, que forman la ruta conocida como “Caminos de una Reina” y que muestran la relación que la reina Isabel la Católica tuvo con Medina del Campo y la Colegiata de San Antolín, cuya visita se gestiona desde el propio palacio. Esta visita conjunta guiada tiene una duración de tres horas y se puede ampliar visitando Las Reales Carnicerías, el Museo de las Ferias, el Convento de Santa María el Real o el Centro Huellas de Pasión. La tarifa general de esta entrada es de 8€ y para recibir más información, llamando al teléfono 983 810 063 o enviando un correo electrónico a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

EL CASTILLO DE LA MOTA


El lugar donde se encuentra ubicado el Castillo de la Mota ha visto pasar diferentes moradores desde la Prehistoria, pasando por la Edad Media y el Renacimiento. Por su elevación sobre la meseta castellana fue un enclave privilegiado para la defensa y protección de los pueblos que en diversas épocas de la historia lo eligieron como asentamiento, como los restos de casas y elementos defensivos de la Edad del Hierro, que en la actualidad se pueden visitar en el Centro de Recepción de Visitantes y que poco a poco se fueron abandonado hasta la época de la Reconquista. En este momento, debido a la inestabilidad que se vivía, se fueron sucediendo diferentes recintos amurallados que acabaron por abarcar toda la extensión de la ciudadela, los cuales son visibles en los restos de una primitiva muralla del siglo XII sobre la que se asienta una parte del castillo. El caserío siguió creciendo y la extensión de la Mota se quedó pequeña, extendiéndose el poblado hacia la llanura donde en la actualidad se asienta la ciudad.


El castillo, que originalmente fue el centro de la villa, es uno de los lugares más interesantes de Medina. Encargada su construcción a mediados del siglo XV por los reyes Juan II y Enrique IV de Castilla, fueron los Reyes Católicos los encargados de culminar esta gran obra artillera en el año 1483. Con una función eminentemente defensiva, fue también un lugar estratégico importante, siendo objetivo de las tropas imperiales de Carlos V durante la revuelta de los Comuneros en 1520; así mismo fue archivo donde se guardaron parte de los documentos de la corona y cárcel con inquilinos tan ilustres como Hernando Pizarro, descubridor y conquistador o César Borgia, hijo del Papa Alejandro VI. En el Castillo de la Mota también pasó una temporada Juana la Loca después de dar a luz a su cuarto hijo, Fernando, futuro Emperador de Alemania y Rey de Hungría y Bohemia y desde donde partió de vuelta a Flandes para reunirse con su esposo Felipe El Hermoso.


En la actualidad es posible realizar dos visitas guiadas al castillo. Una que incluye la visita a los yacimientos de la Edad del Hierro, los exteriores con restos de murallas medievales y frente del Castillo y que se completa con un paseo por las galerías subterráneas, el patio de armas y la capilla de Santa María del Castillo. Precio: 4 €/persona. Se puede completar la entrada “Caminos de una Reina” con la visita guiada a la Torre del Homenaje con un precio de 2 €/persona añadido a la tarifa de la entrada conjunta. La otra propuesta es a la Torre del Homenaje que incluye una visita al Salón del Honor, últimas plantas de la torre y el mirador. En ambos casos es necesario realizar reserva previa.
Más información: http://www.castillodelamota.es/

PALACIO REAL TESTAMENTARIO


Ya en el centro de la villa, concretamente en la Plaza Mayor de la Hispanidad, nos encontramos con los otros dos monumentos más representativos Medina del Campo: el Palacio Real Testamentario de Isabel la Católica y la Colegiata de San Antolín.


El Palacio Real Testamentario, que en el pasado fue el Palacio Real de Medina del Campo, ocupaba una extensión mayor de la que a día de hoy se conserva. Declarado Bien de Interés Cultural en el año 2003, múltiples son las referencias históricas ya desde la época de los Trastámara, las cuales nos hablan de frecuentes estancias de los reyes castellanos en el palacio. Así mismo, acogió importantes acontecimientos relacionados con la corona de Aragón, como el nacimiento y posterior auto-proclamación de Fernando de Antequera como rey de Aragón o los nacimientos de Alfonso V de Aragón en 1394 y de Juan II de Navarra y Aragón, padre de Fernando el Católico, en 1397.


Fue en la infancia de Isabel cuando nació la relación entre la futura reina y la villa de Medina del Campo, a la que volvía a menudo. Incluso le fue donada en dos ocasiones por sus hermanos: la primera por el infante don Alfonso en 1467 y un año después por el rey Enrique IV. Después de contraer matrimonio con Fernando, y a pesar del carácter itinerante de la corte de los Reyes Católicos, Medina y su Palacio Real se convirtieron en una de sus residencias habituales y principal destino en Semana Santa, Navidad y verano. No olvidemos que la villa de Medina siempre le fue fiel a su reina, razón por la que se le fueron concedidas exenciones fiscales. Pero por lo que realmente es más conocido el Palacio Real Testamentario es por haber sido el lugar elegido por la reina para pasar sus últimos meses de vida, dictar su testamento y codicilo y fallecer el 26 de noviembre de 1504.


Después del óbito de la reina, entre sus muros se llevó a cabo la proclamación de Juana I como reina de Castilla, siendo después residencia en varias ocasiones de Fernando el Católico, de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, que lo habitó en 1552 e incluso de Felipe II a finales del siglo XVI.


Desde la muerte de Isabel la Católica hasta nuestro días el palacio ha tenido diferentes usos. Edificio comercial, cárcel, dependencias del ayuntamiento…, hasta que en noviembre de 2003 abre sus puertas el Palacio Real Testamentario de Isabel la Católica como centro de interpretación del personaje histórico. En este espacio se muestran, a través de videos e interactivos, diferentes aspectos de su vida, su infancia y juventud, su reinado o su religiosidad que nos acercan al significado y a la importancia histórica de la reina Isabel. La visita se enriquece con una réplica del Testamento y Codicilo, con la cama donde falleció la reina y con una sala interactiva que explica los pormenores del tercer viaje que Cristóbal Colón realizó a América, ya que fue aquí donde el almirante organizó parte del mismo con los Reyes Católicos.


El horario para visitar el palacio es de martes a sábado de 10:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas. Lunes, domingos y festivos de 11:00 a 14:30 horas. La visita tiene una duración aproximada de cuarenta y cinco minutos y no es necesario realizar reserva previa.
Más información: https://www.palaciorealtestamentario.es/

COLEGIATA DE SAN ANTOLÍN


Declarada Monumento Histórico-Artístico, sus orígenes se remontan al siglo XII, pero el templo que podemos admirar en la actualidad se debe a una remodelación llevada a cabo por los Reyes Católicos tras conseguir del Papa Sixto IV la Bula por la que se elevaba a rango de Colegiata la iglesia parroquial de San Antolín. Construido en su mayor parte entre los siglos XVI y XVII, en el exterior destaca la torre, la portada del siglo XVIII y por supuesto, el popular Balcón del Pópulo que tenía como función primordial la de celebrar misa los días que no fueran festivos, para que los mercaderes no tuvieran que ausentarse de sus tiendas y negocios. La mejor manera de descubrir la historia de la colegiata es visitar el interior con especial atención a cada una de sus capillas.

En ellas podremos admirar diferentes estilos artísticos que nos llevarán a realizar un viaje por la historia del arte, desde el gótico hasta el más puro barroco, siendo el Renacimiento el estilo que más abunda y coincidiendo con su época de máximo esplendor. Además de las capillas, gran parte de las tallas que en ellas se exponen se pueden englobar en este estilo, destacando piezas como el Cristo de la Paz de Juan Picardo, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias o el imponente Retablo Mayor.


Al igual que en el castillo, aquí podemos decantarnos por dos visitas. Por un lado, la torre de la colegiata con un recorrido guiado por las cinco plantas y el mirador con una duración aproximada de cuarenta y cinco minutos que se puede realizar de martes a sábado a las 10:30 y a las 16:00 horas y domingos y festivos solamente en horario de mañana. O bien el interior de la colegiata, cuya visita se realizará en grupos de entre 25 y 50 personas. En ambos casos, también es necesario realizar reserva previa.


OTROS MONUMENTOS DE VISITA OBLIGADA


Para hacer más completa nuestra visita a la Villa de los Mil Planes es imprescindible acercarnos a tres monumentos que están catalogados como Bien de Interés Cultural: el Palacio de los Dueñas, la iglesia de Santiago el Real y Las Reales Carnicerías. El primero de ellos es uno de los edificios civiles de mayor calidad artística de cuantos se edificaron en la villa medinense durante el Renacimiento. Mandado construir por don Diego Beltrán, primer Consejero de Indias durante el segundo cuarto del siglo XVI, acabo en manos de su nieta Mariana Beltrán que se casó con Francisco de Dueñas, de quien proviene el nombre por el que es conocido en la actualidad. El patio porticado, que presenta un conjunto de medallones, es un claro homenaje a la monarquía por parte de sus primeros propietarios y que tiene como modelo el Palacio de don Francisco de Cobos, actualmente Capitanía General de Valladolid. Entre sus  relieves podemos encontrar los rostros idealizados de Fernando el Católico, Felipe Hermoso, Alfonso el Batallador o los reyes de la sección leonesa Fernando II y Alfonso de Badajoz.


Sede provisional de la Chancillería entre 1602 y 1604, última morada del Marqués de la Ensenada en su destierro y residencia habitual de reyes, en este palacio estuvo alojado durante dos semanas Carlos V en su último viaje buscando el retiro en el Monasterio de Yuste. Con la intención de visitar a sus hermanas, a su hijo Juan y a su nieto Carlos que vivían en Medina, fue el invitado del cambiante  Rodrigo de Dueñas que en su afán por alagar e impresionar al monarca se comportó de forma ostentosa, lo que molesto al monarca y por lo que éste decidió pagar su estancia, negandose a recibirlo en su presencia y renegando de la hospitalidad del medinense.


El segundo de los monumentos es la Iglesia de Santiago el Real. Construida en el año 1533, hasta le expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 fue la iglesia del noviciado del antiguo convento de San Pablo y San Pedro. Edificada bajo los cánones que responden al clásico estilo jesuita y según el proyecto de fray Bartolomé de Bustamante, presenta un exterior austero y planta de cruz latina con una nave y capillas laterales. Como anécdota contaremos que la primera piedra fue puesta por San Francisco de Borja, descendiente de Fernando el Católico y del Papa Alejandro VI. En su interior guarda auténticas joyas como tres retablos en la cabecera. El central salido del taller de Pedro de la Cuadra y los gemelos del crucero del de Francisco Palenzuela, así como dos estatuas orantes de los fundadores y una capilla que alberga una sorprendente colección de tallas relicario del siglo XVII.


Finalizamos nuestro viaje por la historia de Medina del Campo visitando las Reales Carnicerías. Este singular edificio es una de las pocas construcciones del siglo XVI destinadas al reparto y abastecimiento de carnes que han llegado hasta nuestros días. Su funcionalidad y simplicidad ha llamado la atención de historiadores del arte y arquitectos, calificándolo como el mejor ejemplo que puede encontrarse de esta tipología en España.

Los Reyes Católicos autorizaron su construcción en el año 1500, pero las obras no comienzan hasta cincuenta años después, siendo finalizadas en 1562 bajo el reinado de Felipe II. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre a quien atribuir la traza de este edificio. Algunos lo vinculan a Rodrigo Gil de Hontañón y otros al arquitecto real Gaspar de Vega, pero lo que si parece estar claro es que buena parte de las obras fueron llevadas a cabo por los maestros medinenses Agustín Gallego y Juan del Pozo.

En el interior y sobre las dos entradas principales se pueden admirar dos frescos, muy deteriorados, en los que se representan en un caso la Imposición de la casulla de San Ildefonso y en otro a San Miguel clavando una lanza al demonio que se encuentra a su pies. A lo largo de todos estos siglos desde su construcción ha sufrido diferentes reformas, siendo las más importantes las llevadas a cabo en los años 1595, 1621 y 1779. En el año 1931 este monumento es salvado de la piqueta al anularse la orden de demolición que pretendía su destrucción para aprovechar los materiales, siendo rehabilitado como mercado de abastos, función que cumple desde 1935 hasta nuestros días.

Pero el inmenso catálogo monumental de Medina del Campo no acaba aquí. Por sus calles y plazas podemos encontrar numerosos edificios civiles como la  Casa Blanca, la Casa del Peso y las Casas de los Arcos; los palacios del Marqués de Tejada o del Almirante, del Marqués de Falces o de los Quintanilla; la Casa Consistorial, el Cuartel del Marqués de la Ensenada y la Estación de Ferrocarril.

Y construcciones religiosas como el Santuario de Nuestra Señora del Carmen de Padres Carmelitas, las iglesias de San Miguel Arcángel y Santo Tomás; las ermitas de San Roque y de Nuestra Señora del Amparo, los conventos de Santa Clara, de Santa María el Real, de Santa María Magdalena, de San José y los restos del Convento del Corpus Christi, sin olvidar el antiguo Hospital de Simón Ruíz con la iglesia de la Purísima Concepción y San Diego de Alcalá y la Capilla de San Juan de la Cruz. Todo un vasto catálogo patrimonial artístico que hace de la villa medinense uno de los destinos arquitectónicos, culturales e históricos más importantes de toda Castilla y León y de España.